miércoles, 15 de abril de 2015

Autenticidad, la puerta secreta al Tao del Tai-Chi.

   AUTENTICIDAD
     LA PUERTA SECRETA AL
   TAO DEL TAI-CHI
Felix Bargados
          Autor: Félix Bargados

 “A causa del desinterés, se realiza el interés”

A  bote pronto y dicho así, quizá a alguien le parezca un concepto paranormal. Pero lo cierto es que, sorprendentemente, es para-normales.
Tan normal, y tan para normales que no me resulta difícil decir, lo que nadie podrá negar sin peligro de rondar la hipocresía. La ironía de que, el hombre común, cuando hace una cosa, en nada se ocupa menos que en esa cosa, porque casi siempre lo hace para otra. Y así niega la primera cosa.
Este desatino que pasa de mano en mano es tan absurdo como cierto.
El absurdo de que, hacer una cosa para otra roza la alienación. Y alienado no se puede ser muy feliz.

Y no veo ejemplos que más se acerquen a esta detestable locura que
Cuando alguien estudia, lo hace para aprobar un examen.
Cuando alguien trabaja, lo hace para obtener emolumentos.
Cuando alguien practica Tai-chi, lo hace para curarse de sus dolencias.
Venderse a estos menesteres es posponer los verdaderos beneficios que por cierto residen fuera del control personal.
Si estudio, lo que está bajo mi control es aprender, no aprobar.
Si trabajo, lo que está bajo mi control es mi vocación, no obtener dinero por ello.
Si practico Tai-chi-chuan, lo que está bajo mi control es mejorar mi armonía, mi relax, no curar una dolencia.
Aprobar un examen, éxito en el dinero, y espantar las dolencias, son cuestiones indirectas, no las principales. Lo que propone la filosofía del TAO sería llevar el estandarte en las cosas que están bajo mi control y no inmiscuirme en las que no dependen de mí para acabar fagocitado por ellas.
Pues en este derrotero, podría seguir con ejemplos hasta el infinito, en los que se puede estar actuando por los caminos retorcidos antedichos, y por decirlo de otra manera, a más de uno le caerá como un sopapo existencial, saber que el camino más frecuentado suele ser el que más engaña.
En definitiva, a mi me consta que, este mercadeo con la salud, con la felicidad y con todos los valores de raigambre nunca fue avisado consejero. Y negar que esto es así, tampoco le salvará el pellejo de la felicidad, ni le servirá de nada a nadie, porque nunca la realidad desaparece por cerrar los ojos.
Al hecho, comentaba un amigo:
- Me molesta que me digan que soy un interesado.
- ¿Y eso porqué te lo dicen?
- Si me invitas al almuerzo te lo cuento.

Este fantasma de la astucia, del que huye despavorida, la inteligencia, dejando campear a sus anchas a la astucia, acabará por ocultar a la felicidad bajo la fea máscara de una frustración, por el hecho de actuar en servidumbre, sometido al señorío del apego, del cual se concluye el famoso bloqueo mental, que intercambia el amor en lo que se hace por el interés.
- Putencia ¿sólo me amas porque mis padres me dejaron una fortuna?
- No, por supuesto que no, te amaría sin importar quién te la dejó.

Esta obviedad del “astuto interés” que nos desvía del auténtico hacer de cada cosa, que aunque bien conocido resulta negado, es evitado por la persona sincera y digna que coquetea con el más puro TAO, y se reafirma constantemente en la idea de que, el que hace una cosa por otra, no ama verdaderamente la primera cosa, y el que hace una cosa sin amor, consolida un casamiento con la infelicidad.

Y es a causa de la exaltación de esa astucia como fácilmente viramos hacia el vértigo de precipitarnos contra corriente, y es así como será muy esforzado aprobar el examen, disfrutar de la vocación del trabajo y curarse de las dolencias. Porque la “hiperintención desviada” de la que hablamos, que adolece del síndrome del bebé caprichoso : “quiero lo que quiero, cuando lo quiero y sin importarme para nada lo que hago”, que se despliega por todos los costados, desvía la energía intencional hacia otros derroteros y hace entrar en conflicto al TAO interno, a la naturaleza interna. Lo  que produce, tarde o temprano, una dicotomía interna incapaz de concebir nada grande, que terminará por decolorar lo que fue nuestra auténtica y honesta primera intención, y nos aboca frecuentemente a la ley del “esfuerzo invertido”.

Sentado todo lo anterior, parece incompatible ser  “ser humano” y ser feliz. Pero el caso es que, las personas expertas en el uso del Tai-chi, o simplemente cualquier persona con menos retraso de lo habitual, sabe hacia donde extender la mano en busca del bello camino del TAO, inmerso en el mágico continuo de que lo importante no es lo que hace, sino lo que hace en lo que hace.

El camino del Tao

En ese caso, cuando estudia con autenticidad, lo hace para aprender. Y así de paso, aprobará.
Cuando trabaja con autenticidad, lo hace disfrutando como vocación. Y como efecto colateral obtendrá beneficios monetarios.
Cuando practica Tai-chi-chuan con el corazón puro, lo hace para disfrutar de “cabalgar el viento”. O sea, de fluir en la armonía. Y como sobrevenido por añadidura, probablemente y seguro que será así, superará sus dolencias.

Y yendo más allá en el despertar de estas realidades, cuando se realiza Tui-shou, no se hará para ganar al compañero, sino para deleitarse con dulzura, de la armonía Universal.
Cuando se realiza una forma no se hará asediado por demostrar a la galería o al hinchado orgullo propio, lo bien que la sabemos hacer, sino para disfrutar íntimamente de las sensaciones.

Valgan como algún ejemplo entre los muchos, estas “bombas explosivas” que vierto, orientadas todas en el mismo sentido aunque no en los mismos términos, no son para tirar a dar, sino sólo para ilustrar, que los asuntos humanos no siempre marchan tan felices como debieran. Y lo digo para poner en relieve, que se debe fijar como objetivo lo que hay que tomar por finalidad.

La finalidad debería ser la de, no hacer las cosas para otros objetivos, sino hacerlas por el placer de si mismas.
Y a esta finalidad inmanente, al goce de toda actividad realizada  per se, con una meta en el mismo camino del hacer y sin meta en otro futuro, es la salvación de la vida, gana una densidad auténtica que brota desde la pureza del desinterés, Y tan verdadero como bello “vacío de interés”, siempre celebrado a los cuatro vientos en el Tai-chi de alta alcurnia, se denomina con toda propiedad, desapego.
No precisamente el que proclamaba un estudiante del Tai-chi:
-  Estoy practicando el desapego, y he llegado a la conclusión de que el 
  dinero no es nada.
-  Y ¿montones de montones de dinero?
-  Hombre, eso ya es algo…

Para redondear, y a la luz de todo lo dicho, parece concluirse que la grandeza del hombre y lo que es propio de las mayores eminencias, reside en hacer cualquier cosa que haga, entregándose  lozano a la agudeza vigilante de estar despierto en lo que sencillamente tiene entre manos, de ejercicio y de objetivo.
Tengo la completa seguridad de que quien es auténtico en lo que hace, nada halla con que cambiar el interés de su quehacer, y así, inaugura un futuro libre de tempestades. Este principio de autenticidad así fundado, es un sumo bien al cual tiene que seguir por derecho propio, como la sombra sigue al cuerpo, un gozo profundo y una alegría del alma. Y no hay mayor regalo que poder acceder a esta puerta secreta de entrada al tan sencillo por mundano, como fantástico por espiritual TAO, y gozar abundante en pleno deleite del alma, de cualquier cosa que se esté haciendo, sin pensar en otros resultados, sino más bien en las eternas maravillas que habitan en tan sublime actividad, sea la que sea la que esté haciendo. Sereno de humildad como un lago profundo, liso y tranquilo.
En tal sentido es como el humilde hombre del TAO del TAI-CHI, poniendo su interés en el desinterés, y no pensando en si mismo, brilla en todo su esplendor, y logra elevarse hacia lo más alto.
                        El Tao del Tai-Chi
                             Artículo Original de 
                               Félix Bargados
                    Todos los derechos reservados.


viernes, 3 de abril de 2015

Tao, el alma secreta del Tai-Chi.


TAO,  EL ALMA

SECRETA  DEL TAI-CHI
Felix Bargados.
Autor: Félix Bargados.

 “A través del perfecto vacío, vivimos el perfecto lleno”

No hace falta saber de una teoría, para funcionar en base a ella.
Sería como pensar que hay que saber de digestiones para poder hacer una digestión.
La naturaleza no sabe de teorías, y estas, en realidad, le traen sin cuidado.
Quiero decir con esto que, por ejemplo, aunque no sepamos lo que es el idealismo, nuestra mente funciona en base al mismo, y ese pedrusco en el zapato es el que nos lleva a considerar al Universo como algo tristemente separado de nosotros. Esta es en consecuencia, la impostura que nos conduce a creer más en el mundo virtual que en el real. Tanto como para no dar por bueno algo hasta que no lo digan en la televisión.
-Mama, en la televisión dicen que todos somos una panda de idiotas.
-Si lo ponen en la televisión, será que es verdad, cielo.

Acabamos por creer más en el mundo interno de la cabeza que en el real, y como consecuencia, a querer enfrentarnos y dominar, controlar, etiquetar, encorsetar, con nuestras molleras el mundo externo y el ritmo cambiante de todo lo que nos rodea por dentro y por fuera.

Comprender este misterio íntimo ya es bastante logro de la humanidad, y supone plantar cara al cruce de caminos de dos VOLUNTADES implacables que actúan sobre el hombre (y la mujer):
LA VOLUNTAD PROPIA. La voluntad de uno mismo que permite nuestras decisiones. O sea, lo que uno mismo desea hacer en el mundo.
LA “VOLUNTAD” DEL MUNDO. El destino natural del mundo o simplemente la naturaleza, siempre dispuesta a incordiar, alterando nuestras intenciones. O sea, los inconvenientes, o  en definitiva, las circunstancias que el mundo presenta en contraposición ante lo que uno mismo desea hacer. Ya sabe, lo de la filosofía de Murphy y sus leyes de la "mala pata"siempre hay que perder algo para conseguir algo que se desea más. La tendencia natural de que si algo puede torcerse se torcerá. Si espera el autobús para ir hacia la derecha pasará primero el de la izquierda. Y si le cae la tostada, siempre lo hará por el lado de la mantequilla hacia abajo.

Armonizar con esa segunda voluntad que lo impregna todo, incluido nuestro cuerpo y mente, es lo que se dice, seguir el auténtico sentimiento y el delicioso sabor del TAO.

TAO en chino, TAO del TAI-CHI-CHUAN. 
DO en japonés. A saber: JU-DO, AIKI-DO, KARATE-DO, etc

Armonía, armonía, pero¿alguien sabe quien es esa señora?
Se la presentaré poco a poco. Armonía supone estar en buena relación con algo.
Lo grande se entiende desde lo pequeño, lo alto se entiende desde lo bajo, y así es como se entiende el chascarrillo de que el colmo de un enano sea que le pare un policía a la orden de ¡ALTO!

Entonces el TAO se oscurece por la necedad del “esto si, esto no”, “esto es, esto no es”.
Para armonizar tanto en el TAI-CHI-CHUAN como con el mundo real, habría que comenzar con una mirada inocente, aceptando con claridad y calidez los dos opuestos de cualquier cuestión, porque ambos son las dos patas de un mismo mundo. Este “Camino del Medio” se basa en no aferrarse sólo a una y rechazar la otra, no aceptar sólo bueno y despreciar lo malo, porque eso sería empezar con mal pie izquierdo para la buena relación con el mundo y con la realidad.
Por el contrario, hay que empezar muy consciente echando luz tanto en lo bueno como en lo malo, desde el marco de una mente vacía y libre de opuestos. Que está entre ambos y los incluye. Y después, adaptación.
-Papá tengo dos noticias, una buena y una mala. La buena es que he aprobado todas las asignaturas.
-¿Y la mala?
-Que es mentira.

Aceptar no sólo lo bueno, sino también lo malo de cada asunto, aumenta nuestra comprensión. Y quizá debamos comprender el temor del niño a fracasar y a comunicar el fracaso, en vez de simplemente evitarlo.
Las personas conocemos las cosas en alta resolución, por los contrastes. Por ejemplo, bueno frente a malo.
Rechazar lo malo y aceptar lo bueno, a muchos efectos, parece ser lo correcto.
Pero la verdadera liberación es preferir lo bueno, y aceptar ambos.
Estar cómodo con las comodidades y cómodo con las incomodidades.
Aceptar tanto el día soleado como el día lluvioso. Ambos días tienen algo de bueno.
Y esto me hace recordar a la vieja llorona, que avivando el fuego de la pena, pasaba todo el día llorando hasta empapar sus vestidos, porque cuando hacía sol, su hijo que vendía paraguas estaría en paro. Y cuando llovía, su hijo vendedor de zapatos, no tendría venta.
La enigmática filosofía del TAO aconsejaría estar siempre contentos. Todo depende de cómo se miren las cosas. Aceptar el aspecto desventajoso, vale bien; pero sobre todo, en cuanto a la vieja llorona, tener la capacidad de estar agradecida cuando llueve porque su hijo vendería paraguas, y también cuando hace sol porque su hijo vendedor de zapatos haría el agosto.
Y en último término, si comenzamos a mirar en la profundidad de las cosas veremos que los opuestos que definen las cosas del mundo no son opuestos sino complementarios de una única unidad vacía de opuestos, tan sutil que los une, esta unidad es el tan misterioso como simple TAO…que por cierto, no padece de la enfermedad mental de los contrastes superficiales, y de las identificaciones mentales que no son más que contrastes. Y son el opio del hombre común.
 Por eso el TAO yace oculto a los ojos del hombre común bajo la realidad aparente, encontrándose camuflado bajo el velo de la realidad superficial. Y entonces no se deja ver, sólo se puede intuir si estamos muy despiertos y atentos. Porque la armonía del mundo real, del TAO, es la singularidad, la ausencia sincera de contrastes, sin frente ni revés.
Y es que son los contrastes que nuestra mente ordinaria identifica, los que camuflan el reino sublime del TAO.
-Oiga ¿tiene trajes de camuflaje?
-Si pero llevo un año buscándolos y no los encuentro.

Nuestro flamante espíritu original camuflado bajo la doblez de la realidad ordinaria y el mundo mundano, se recupera en toda su belleza, cuando la mente analítica se abandona por fin a la totalidad, aligerada de del lastre de los contrastes. Y el TAO es la previa y definitiva unidad suprema a los opuestos, vacía y libre del pesado equipaje de todos los contrastes.
Se dice que, en el curso natural del TAO, la esencia precede a la existencia. Y esto significa que el TAO es la esencia metafísica misteriosa de todo lo que existe, la suprema realidad última que está por debajo de todas las cosas, y también en nuestro interior. Siendo por tanto nuestra esencia original.
Y todo lo demás que sobradamente conocemos de nosotros mismos, es el ego superficial, nuestra personalidad, con sus identificaciones y sus proyecciones. Algo añadido a nuestra noble alma, de manera artificial y limitante. Es como el que al elegir una mujer para esposarse, excluye inmediatamente a todas las demás.

A saber que, el TAO no es ni una idea ni un concepto, porque es simplemente el vacío de una fuerza inconmensurable que actúa sobre todas las cosas y de la que no podemos desviarnos, queramos o no. Por eso, el TAO es difícil de conceptualizar, de pensar, de atrapar, y peor aún decir, porque las palabras lo ocultan y con ellas se pierde la verdadera esencia de las cosas.
¿Entonces que hago yo aquí en la formidable empresa de explicar lo que nadie explica por ser inefable?
Queriendo hablar de lo inefable y nombrar lo innombrable me siento como el que increpaba: ¡te he dicho diez mil millones de millones de veces que no exageres!
Volviendo al tema ¿Por qué es innombrable?
Pues precisamente porque el TAO nunca es algo fijo y externo. Siempre está bajo la realidad cambiante de valor. Bajo el movimiento continuo y fluyente.
Y resonando en nuestro interior.
Y como está en todo, es como querer señalar un dedo con el dedo.
Y como estamos inmersos en el mar del TAO, lo obviamos como el pez olvida el agua en el que está inmerso. Así  es como el pez disfruta del agua encontrando allí todo lo necesario para vivir, olvidándose incluso de los otros peces; y el hombre goza del TAO, porque en el TAO su vida está realizada, olvidándose incluso de si mismo.

Como consecuencia, por las tres cosas antedichas: por ser el punto unificador, por ser un vacío potencial y por ser algo que esta bajo el cambio…

“El TAO que puede decirse, no es el verdadero TAO”.

Pero voy a presentarle un asiento de primera fila, saltándome todas las reglas ortodoxas porque al intentar explicar lo inexplicable, bien que mal, puedo parecer como el que pone en la puerta de su academia: <<se dan klases de HÓRTOGRAFYA>>
No deseo dar lecciones sobre nada, sino sólo despertar su deseo de conocer y de experimentar lo que usted en el fondo ya sabe.
Y eso es lo único que pretendo.
Para nada hacerme el interesante explicando lo inefable, sino más bien, que al tratar de experimentarlo en “su piel”, lo conozca de nuevo. Porque en cuanto se tiene el primer atisbo de conocimiento, irremediablemente, ya se vive de acuerdo a él y a su experiencia.
Y porque el TAO sólo se puede saborear a través de la dulce experiencia pura y dichosa.
Y… a todo esto ¿cómo se experimenta?

Pues de dos maneras y media:

Experiencia e inspiración.
Las dos primeras son EXPERIENCIAS enteras, la “a medias” es INSPIRACION.

Bien, la primera, sabiendo que el TAO es igual que LA CONCIENCIA INGENUA DE UN NIÑO que todavía no conceptualiza nada, porque todavía no sabe hablar. Y sólo en ese estado de despertar, con la verdadera intuición fresca y profunda de las cosas puede conocerse, pacificando el espíritu en ayuno de silencio.
Sólo el silencio INTERIOR puede conocer bien al vacío INTERIOR.
En la quietud, en la vacuidad, mora el TAO.
Por debajo del mundo aparente mora ese abismo tranquilo.
Y en nuestro interior también vive.
Esa quietud en el centro del mundo es la rica experiencia del TAO.

La segundo forma es, siendo muy consciente, muy despierto, y MAGNIFICANDO LA IMPORTANCIA DE LAS PEQUEÑAS COSAS Y LOS COTIDIANOS SUCESOS, puesto que todo el mundo y su funcionamiento está escrito en cada pequeña cosa y acontecimiento del organismo integral que es el mundo, y todas las cosas no pueden ser más que una armonía en relación a las demás y a su surgimiento mutuo.
Al igual que un hombre que carece de pies no sentirá mucha simpatía por los zapatos, un hombre carente de TAO no le da importancia a todas las cosas y sucesos y su armonía de respuesta hacia ellos.
El hombre del TAO está alerta, iluminado a todos los pequeños detalles.
Y está despierto en alerta de respuesta espontánea.
En la mansa espontaneidad de una respuesta en alerta continua, mora el TAO.
Por debajo del mundo aparente, mora esa espontaneidad libre de respuesta.
Y en nuestro interior, bajo las reacciones unas veces condicionadas y otras veces elaboradas, también mora el TAO.
Esa respuesta espontánea y fluyente en el centro del mundo es la experiencia del TAO.

Por último, si usted no puede alinearse con la EXPERIENCIA de vaciar la mente de limitaciones y prejuicios, ni la de sensibilizarse de manera consciente y muy despierta todas las cosas, tiene un verdadero problema, pero le regalaré otra manera, aunque sea una manera “a medias”, una manera sólo INSPIRADORA de vislumbrar sutilmente su esencia desde la lejanía. Esta es estudiando la profundidad del ideograma de la escritura china del mismo, el cual está cargado de aromas con sugerentes significados sumamente  valiosos.

El bello ideograma está compuesto por dos conjuntos de trazos en armonía.

                                 

kanji del Tao

TAO (pronunciado DAO)

  DO (en artes marciales japonesas)



El radical superior (SHOU) representa las astas de una cabeza sobre un ojo.

                          
parte superior kanji del Tao.
astas de una cabeza
parte media del kanji del Tao
Ojo celestial

Todo ello junto, representa al lider (astas). El lider significa uno mismo, observando con su mente superior o tercer ojo, que significa: la intuición, que no es más que la claridad de espíritu, limpia y directa, libre de interferencias mentales deseantes, prejuiciosas e ideológicas.
                                                                                                                 
Antes de seguir, debo advertir que, tenga cuidado con las palabras, las palabras son algo más que aire caliente, pero sólo señalan algo que hay que intuir.
Sin intuición estará perdido en este mundo que le presento. Y es bueno saber estas cosas porque, si no usa la intuición puede comprenderlo todo al revés.
Me acuerdo ahora de la anécdota:
-Me llamo Francisco ¿Y usted?
-Yo no.


Precisando más, dentro de las astas, primero encontramos dos rayitas verticales y convergentes, la de la izquierda es el Yin, y la de la derecha es el Yang.
                                                       
parte superior del kanji del Tao
astas


Ambas, luz y oscuridad se abrazan mutuamente en una raya larga en horizontal que representa la unidad de los contrarios, que se une en concordia, reafirmado por la pequeña marca central que aflora debajo.
Al lateral izquierdo, hay una rayita apuntando hacia todo el radical superior. Es decir, que señala hacia uno mismo. Y significa que el Universo se encuentra también palpitando dentro de uno mismo, y que por tanto, el CAMINO se encuentra en nuestro corazón.
Dicho de otro modo, la práctica del CAMINO, es lo mejor que se puede hacer en el mundo.

Dentro del radical superior, el cuadrado con dos marcas horizontales, representa el “Ojo celestial”, un ojo intuitivo conocido popularmente como “nirvana”.

                                                                                    
parte media del kanji del Tao
    Ojo celestial      
 

Mientras que, el radical bajo (CHO) se parece a un camino o flujo del agua muy hermoso. Es el denominado “Gran Camino” hacia el descubrimiento del TAO interior, pero también tiene la forma de un pie, con el significado de  “caminante del infinito”, caminante de la pura vacuidad, que avanza por el magistral camino de auto-cultivar la purificación espiritual. Esto significa el curso fluyente, la deriva magnífica de la naturaleza para seguirla en armonía. Como cuando uno sigue el curso fluido y continuo de una forma de TAI-CHI-CHUAN.

                                                                     
parte inferior del kanji del Tao
Gran Camino    


Así deducimos que, el TAO como principio de valor perenne, es la innombrable fuente mística del curso fluyente de la naturaleza, el corazón de las cosas que llenan el cosmos, y también el TAI-CHI-CHUAN, en el cual la única constante que debemos aceptar para estar en armonía es el cambio, y fluir muy atentos con el cambio, dentro de la inacción propiciada por un centro inmutable en calma serena.

Se aconseja por tanto, la no-acción como sinónimo del vacío, que es fluir en el TAI-CHI y hacer todas las cosas interfiriendo lo menos posible en el flujo natural de todo, y en una atmósfera carente de esfuerzo. 

Aunque también se aconseja estar muy atento a los cambios en la energía y en las acciones de flujo y reflujo durante el TAI-CHI-CHUAN, y también en la vida, y a solucionar espontáneamente los problemas antes de que estos sean grandes, cuando los problemas aún son pequeños y por tanto requieren de poco esfuerzo. Aunque también minimizando la acción,  actuando con sencillez suprema y sin ningún plan preconcebido.
Ypensando que un viaje de mil kilómetros comienza por un sólo paso, en avance lento pero determinado, y durante el camino no olvidarse de disfrutar con alegría en todo momento, porque la meta feliz, el poder, se encuentra durante todo el camino.
No hay meta al final.
Eso es lo que significa “Gran Camino”, es un concepto que significa no-relación con ninguna meta. Sólo camino.
Camino que se construye al caminar.
Sólo camino.
La meta sería entonces el proceso mismo de la vida que hay que aprovechar como el tesoro de cada soplo y valioso instante.
Debo añadir que, durante el flujo del devenir por el “Gran Camino”, se ha de estar en paz con la naturaleza de las cosas, aceptando sin luchar, sin imponer y sin resistirse a las cosas para que sigan su agradable curso natural. Por eso, es por lo que el camino a seguir no es siempre igual, ni idéntico para todos. A unos les va bien una cosa y a otros, otra.
Nadie le pediría a un ciego que disfrutase de un bello paisaje.
Ni a un sordo que disfrutase de una magnífica melodía.
Cada uno, maestro de si mismo, debe crear su propio “Gran Camino”, caminando por donde quiera, pero muy consciente.
Como el de un pez despierto, como están todos los peces, despiertos, nadando en el agua  en libertad sin dejar rastros de camino para otros.

ying-yangpeces


Así que, el “Gran Camino” se trata de mantener la pureza de un espíritu apaciguado, dejando el ansia de solucionar y hacer las cosas de inmediato, dando importancia al “principio femenino” que prioriza en el TAO. Esto es, abandonados a un TAI-CHI o YIN-YANG, como prefiera, donde las cosas sigan su curso, en una pasividad que nos torna de una levedad vacía casi inexistente que denominamos “mística femenina” (Yin); Al poco, seguro que cede la resistencia y las cosas empiezan a cambiar. En ese momento, es cuando nos tornamos un poco, sólo un poco, visibles. “Principio masculino” (Yang), para obrar con suma prudencia y debidamente serenado pero implacable, sin imponer nuestra forma pero sin titubeos (MO CHIH CH´U) y sin pausa.
Pero todo esto es consecuencia del TAO. No el TAO mismo.
El TAO es previo y superior a todo esto.
Es el telón de fondo vacío, que produce el YIN-YANG espontáneamente.
Así todo planteado, me parece que es el momento de entrar a fondo en el TAO.

PERMITA QUE LE MUESTRE LA INTUICIÓN SOBRE LO QUE ES EL TAO EN EL UNIVERSO:
Imagine un círculo lleno que representa al TODO. O sea, todo lo que entendemos por Universo.

círculo lleno

Extraigamos del círculo lleno la infinidad de cosas, los “diez mil seres”, toda la materia, toda la energía conocida, el espacio, el tiempo, y por supuesto, saquemos también del mismo al hipotético Creador, si es que todavía cree en un ente así y sobre lo que no tengo nada que objetar.
No es mi intención vender un Universo ateo, sino simplemente plantear lo lógico, en el que, si el Creador lo supone ya fuera del círculo cósmico, porque evidentemente, ser un Creador supone estar fuera de lo creado; me veo en la obligación de argumentar que, en el mundo de la energía íntegra y total, no puede existir un Dios aparte y distinto. Es una lógica.
Pues bien, lo que resulta después de sacarlo todo, el abismo desconocido y gigantesco que permanece silencioso, muy silencioso y quieto, es el TAO eterno, inconmensurable.
Un vacío sereno que no es ausencia de algo, sino presencia eterna de infinito.
Un vacío negativo sería la NADA. Un vacío positivo, como lo es el TAO, es el corazón silencioso del TODO latente.
Posee realidad y expresividad, pero es inactivo e informe.
Puede ser obtenido pero no visto.
Así he visualizado, en mis meditaciones, lo que se entiende por TAO.
Y esa naturaleza innata, es una esencia poderosísima que tiene forma hueca, vacía, transparente, por eso se representa también por un círculo vacío, pero lleno de posibilidades inagotables.
Nunca se agota lo que no es material. Sería imposible dar un sentimiento para quedarse sin el, o dar la hora para quedarse sin ella. Ya sabrá lo de
-¿Oiga me puede dar la hora?
-Lo siento mucho, ya se la he dado a aquel señor que va por allí.

 Repito que, ese círculo vacío del TAO no es la NADA, sino la infinita potencia suprema que subyace latiendo y nutriendo cálidamente al todo cósmico. La posibilidad, la capacidad de ser todo, la potencialidad de emanar espontáneamente de si mismo y de fluir en constante auto-creación universal. En definitiva, “el gran vacío que regula el cielo y la tierra”.

DEMOSTRACION

Decir no es demostrar. Hemos dicho que el TAO es un vacío, pero nunca nadie lo ha demostrado.
¿Como podemos demostrar el "vacío" que es el TAO?
Pues muy fácil, mediante la abstracción total.
Empecemos con algo sencillo. Empecemos con entender como captamos un concepto. 
El concepto "mesa".
Si quiero captar el concepto "mesa", debo partir de la comparación con otros objetos. Muchos de estos objetos son mesas y otros son variados.
De la comparación sobre lo que tienen en común, dejando de lado las características accidentales, llegamos al concepto "mesa". Así capturamos el concepto y lo diferenciamos con claridad de los demás objetos.
Ahora viene el meollo de la cuestión.
Si mediante un experimento mental vamos en sentido opuesto, es decir, de lo mas concreto como pueden ser los conceptos de objetos, a lo más general, como puede ser el concepto del TODO. Irremediablemente, llegaremos a la conclusión de que lo maximamente común a toda realidad tangible será na noción más vacía. Porque todo concepto, cuanto más extensión tiene, menos características definitorias posee, y deberá por tanto, ser lo más vacío de todo.
Por eso el TAO se identifica con el vacío.
No con la NADA.
La NADA esta muerta de posibilidades.
El VACIO está vivo. En su eterna Gracia.
Y ultimamente, la ciencia ha demostrado que en el vacío se crean partículas espontaneamente, del vacío.
Del vacío. 
Y ese vacío, como telón de fondo, sobre el que los científicos comprueban está lleno de TAO. 
El TAO no puede ser eliminado. es inherente al Universo.
En definitiva, cuanto más vacío es algo, menos limitado estará de ser algo, pero más potencialidad de ser TODO.
El vacío como "Madre Creadora" que es, es la máxima potencialidad de ser TODO. Tanto el vacío presente en el fondo del Universo, como el que se encuentra en lo más hondo de nuestro alma. Porque nosotros también somo Universo.
El Universo ensamblado en un orden con todo su movimiento, se ha auto-generado, por sí mismo, a partir del vacío en su quietud.
Pero todo movimiento, nunca ha dejado de ser quietud.
El movimiento oculta el Rostro de la quietud.
Esa Morada de quietud, ese Paraiso sigue estando en nuestro interior.
A  mi entender, eso es todo lo que hay, que no es poco.

Siguiendo el hilo argumental, PERMÍTAME AHORA MOSTRARLE EL TAO INTRINSECO A LA PERSONA:

Nunca hubo dos realidades.
Paraiso y Tierra.
No existen dos esencias separadas, criatura y Creador, que se tengan que volver a unir en el Paraiso de un Cielo extra-terrenal. Sino que, lo que existen son criaturas casi perfectas que necesitan pulir sus imperfecciones. Y a través del "Sendero de Retorno" (Taoismo) se favorece que el alma se encuentre con la esencia de TAO que siempre nos ha acompañado, ha acompañado a todos desde océanos de tiempo, para llegar a vivir acorde con la armonía natural y su paz ensamblada en un orden natural. Y la iluminación descansa sobre la idea de UNIDAD.
La UNIDAD de criatura y TAO.
Toda criatura ya está unida al TAO.

Ahora sentir...

Imagine la ingenuidad de un recién nacido en talidad. O sea, que todavía no tiene el dominio de la palabra, que no tiene patrones de comparación entre las cosas ni entiende de opuestos para poder compararlos. Por tanto, en su mente primordial no diferencia los sucesos exteriores de lo que ocurre en su cabeza, no diferencia entre lo observado del observador. Sólo existe en él la sensación de que algo está sucediendo. No diferencia de lo que sucede de lo que no sucede porque no tiene modo de comparar para saber si lo que se mueve sucede o es a la inversa. No relaciona causa con efecto ni lo que va antes de lo que va después, ni tiene modo de excluir algún componente de lo que observa. Todo lo incluye porque no tiene motivos para excluir nada. Es decir para definir lo que está “aquí” debo excluir mentalmente lo que está “allí” y viceversa. Pero él, está en un estado tal de TOTALIDAD que integra los opuestos en una pacífica UNIDAD INDIFERENCIADA. Esa es la sensación oceánica del TAO. Y cuando nos experimentamos a nosotros mismos fundidos en el manantial del mundo, desaparece la ilusión de que lo que ocurre en el presente es consecuencia directa de lo que aconteció en el pasado reciente, y como cuando abrimos los ojos a la luz, aparece la curiosa ilusión de que  todo brota espontáneamente en agradable sorpresa, desde el silencio misterioso del instante presente, nutriendo el espacio en todas direcciones, y se aleja hacia el pasado, como la brillante estela de un fantástico y precioso cometa.
¡¡¡Eso es el maravilloso TAO eterno!!!
Cuando un chino pronuncia la palabra TAO, se refiere a eso.
Y cuando alguien trasciende el movimiento ordinario y entra en la meditación serena del movimiento donde la naturaleza pura toma el control, durante la práctica del TAI-CHI-CHUAN, estará constantemente balanceando opuestos, equilibrando fuerzas en un goce espontáneo con una alerta iluminada y con un vacío libre de posibilidades infinitas: Ahora cedo donde me pone fuerza el oponente, ahora pongo donde esta carente de energía colindando con la sensación vacía de interés propio, vacía de limitaciones, vacía de deseos, tal y como nos inspira el TAO, y a veces inundándose plenamente de la sensación.
Funcionando en lo que se denomina “inacción”.
La común acción, según nuestro punto de vista TAOISTA, tanto en la práctica del TAI-CHI-CHUAN, como en la vida misma, no reviste mucho interés porque toda acción crea una fuerza opuesta y no deberíamos promover ser afectados por la fuerza de reacción de un oponente o de la vida misma.
La “inacción” es la “mística femenina” del Universo en pleno funcionamiento.
¡Ehh! y los chinos no son los únicos que lo dicen. O sea que, los chinos no son mejores que nosotros, porque nosotros también tenemos de quién presumir, nosotros tenemos a Newton.
Aunque si bien es cierto que, aunque Newton también descubrió la fuerza de reacción, el no llegó tan allá como para argumentar que la solución de no ser afectado por la fuerza de reacción es la del sabio, que busca la acción a través de la “inacción”. Porque esta, la inacción, es tan leve que no crea reacción adversa de fuerza opuesta.
Son principios deliciosos y originales de verdadera sabiduría perenne sobre la existencia.
Estar en sintonía con la naturaleza, es lo que significa “inacción” del TAO.
“Inacción” que sin embargo, en su “inacción”, nunca deja nada por hacer.
Porque en realidad, “inacción”, para un TAOISTA del TAI-CHI-CHUAN no significa no-hacer, sino más bien no-interferir.
Llegado a este punto, es obligado preguntar ¿como se armoniza esta inacción ante los golpes de la vida y de los demás?
Pues no precisamente como nos enseña la sociedad mercantilista y competitiva, devolviendo el golpe.
Ni como contrapone la amorosa pero sacrificada religión, poniendo la otra mejilla.
Eso no va acorde al TAO. Y es que, si bien el TAO es la raíz de todo, pero no todo es el TAO.
Actuar acorde al TAO es tal y como nos educa el TAI-CHI  ¡yendo con el golpe!
Vacío de intereses y espontáneo en la respuesta. Como el TAO mismo.
En armonía con el golpe. Cultivar la consciencia plena. Mantenerse siempre muy consciente, e ir humildemente a favor del golpe cuando este viene hacia nosotros, como una hoja al viento, y transformarlo su trayectoria con sutileza, durante la marcha, como el agua que arrastra mansamente objetos en suspensión, vacío de intenciones e intereses propios, dentro de un margen de bienestar, como fiel reflejo del TAO.

Círculo vacio


 En definitiva, el SENCILLO círculo vacío que representa al TAO se traduce por mantenerse vacío. Es decir, alzarse en medio del Universo, desplegando sencillez en los ilimitados confines de una mente cristalina, viviendo con la disponibilidad ser receptivo a aceptar cualquier cosa, y en inacción sutil pero fresca y espontánea de adaptarse a todo.
Eso es el TAO.

Nuestra naturaleza original, por tanto, es encontrar el vacío, o dicho de otro modo, la roca sin definir, sin tallar (P´U). La pieza sin acabar, es como la arcilla sin moldear, silenciosamente abierta a horizontes amplios de posibilidades infinitas para ser cualquier cosa que sea materialmente posible ser (TE).
Ser algo es ser limitado. Lo que no está limitado es el TAO.
Ser un ego es ser limitado. Ser un vacío es no ser limitado.
Como el cuenco. El cuenco solo es útil cuando está vacío.
Eso es el TAO.

En resumidas cuentas.
Abandonemos las cabezas llenas de paja: observando en calma serena nuestro interior, constantemente pierden fuerza los pensamientos intrusos.
Abandonemos todo esfuerzo corporal: relajando constantemente el cuerpo en todo lo que estemos haciendoentraremos en armonía con lo que nos rodea.
 Para así, de este modo, se recree dentro de nosotros el éxtasis de la más completa vacuidad, la más sagrada calma serena, con la claridad espiritual de un tierno niño recién nacido; pero por supuesto, con el conocimiento y comprensión de los misterios de la vida, propio de nuestra edad actual. A esta actitud de auténtica pureza, la denominamos con toda propiedad “docta ignorancia”.
Eso es el TAO.
Y a esto, creo que no me hace falta añadir ni detallar más, porque si insisto un poco más con tanto perogrullo, temo parecerme al perfecto tonto que preguntaba: si adivinas cuantas gallinas tengo te daré las tres.
Para concluir, debo resaltar que, tanto en la práctica gozosa del TAI-CHI-CHUAN como en la vida cotidiana, es muy conveniente comportarse acorde con el TAO: con la actitud bienhechora de un juego de “inacción” sutil, donde la mente repose en deleite sin retener nada, transmutando el manantial de ruido mental en el fluir del rumor mental, el rumor mental en suaves gotas de susurro, y por último en callado silencio como el agua tranquila de un estanque en calma chicha, que responde en ondas armoniosas al simple toque de un dedo, pero en su insondable interior se mantiene en imperturbable, y por mucho ruido que haya en el exterior del agua, dentro nada se agita.
Artículo Original de 
Félix Bargados.
Todos los derechos reservados.

domingo, 22 de marzo de 2015

El TAI-CHI perfecto ES ENEMIGO DEL bueno.

El TAI-CHI perfecto 
ES ENEMIGO DEL bueno.

FELIX BARGADOS

“Lo perfecto es enemigo de lo bueno”
Y… el TAI-CHI es bueno, pero no perfecto.

Ha sido ampliamente demostrado, aunque a menudo se olvida que, la Tierra no gira perfecta, el  “Todo natural” hace que gire de buena manera. O así lo entiendo yo.

Es cosa de todos advertida que, nadie respiramos perfecto. Como no puede ser de otro modo, el “Todo natural” hace que respiremos en sensación extraordinaria de bienestar, de buena manera.

No es difícil reconocer la obviedad de que, no hacemos la digestión perfecta, el “Todo natural” hace que la digestión se haga en euforia celular, de buena manera.

Y la buena manera que hemos querido expresar, es la manera que no se nota. Como la ropa que está bien ajustada, que es la ropa que no se nota.
Libre de esfuerzos.

Pero en cambio, en no pocos casos pensamos esforzadamente en hacer las cosas demasiado impecablemente, y eso nos lleva al bloqueo en la acción, por temor a la imperfección, porque en el fondo, sabemos que queremos ser perfectos.
Y es que, la mente no juega al mismo juego que el resto del mundo natural. Esta se muestra refractaria a ser del mundo imperfecto regido por “pautas orgánicas”. Se niega a la imperfección. Se niega incluso para realizar tal o cual movimiento de TAI-CHI-CHUAN de una manera natural. Prefiere el paseo triunfal de una manera perfecta, a la humilde y natural, y para ello gusta de colocar la diana en el agujero del dardo creado en primer lugar. Teniendo en cuenta que la diana es una postura de una forma del TAI-CHI-CHUAN, y el agujero es la situación natural (de encuentro de manos con un oponente) que daría pie a tal postura y que por tanto gustaría de ligeras adaptaciones, que dan pie a movimientos imperfectamente cartesianos pero naturalmente excelentes.
En este sentido, cuando le afirmaron a un estudiante de cierto sistema, que del mismo modo que estamos explicando, trataba de insertar lo ficticio en lo real: -¡¡¡Eh!!! su sistema no tiene nada que ver con la realidad. El respondió desesperadamente:-¡¡¡Peor para la realidad!!!
Hasta esos perfectos tontos límites podemos llegar, y es cosa que, lo que gusta a un tonto no debe ser cosa muy cuerda. Y aún más, si a él, al tonto le gusta, el placer ha sido sólo suyo.
Todo esto sin contar que, otras veces la mente se enreda morbosamente con pensamientos en contra de uno mismo.
Y por otro lado, siempre nos inmiscuimos en nuestros pensamientos como si nos identificásemos con ellos, volcados sobre nosotros mismos en esos pensamientos, revolcándonos en ellos, bajo la tiranía y dictadura de su poder. Este es el motivo, de la plaga tan común de ciertos trastornos del pensamiento y de la infra-salud.
YINGYANG

Ahora bien, el TAI-CHI-CHUAN que siempre nos abre los ojos internos a horizontes amplios y cielos abiertos, nos revela su luminosa solución tan natural como efectiva.
Hasta lo que yo se, creo que se podría formular así:
¿No debería aligerarme por completo, permitiendo que el “Todo natural” piense a través de mí, sin identificarme bajo la tiranía de los pensamientos?
¿No debería permitir la sublime entrega de que el “Todo natural” realice el TAI-CHI-CHUAN a través mío y no construir movimientos en los que encarcelarme?

Me explicaré:
Creo saber que, al común de los mortales nos gusta llenar la mente pensando lo que hacemos, hacer bajo cavilación, o caso contrario, hacer mientras la mente está en otro lado. Todo ese hacer, es en detrimento de la vía del medio. O sea, hacer las cosas en contemplación serena, abandonándonos a la limpia libertad de hacer las cosas sin por un lado, interferir con el pensamiento; ni por el otro, estar dispersos por el.

Pero ligado a la última reflexión, hay que preguntar otra cosa:
¿Como se compagina el contemplar sin pensamiento, con seguir patrones técnicos de un arte marcial supremo como es el TAI-CHI-CHUAN?
Que no es más que plantearse por la actitud correcta de la mente durante la ejecución del TAI-CHI-CHUAN.
Esto se hace bajo la sutil directriz del “piloto automático” de la “mente intención”, como un leve cursor, en movimiento sereno, que se desliza en plácida serenidad dentro del mágico continuo néctar de libertad adaptativa, y no ceñida a un molde perfecto como todo hombre común pretende que sean las posturas del TAI-CHI-CHUAN.
Evitando por un lado, hacerse sombra uno mismo, preocupadamente desde la impronta de un imitador de posturas, encorsetado en plantillas de movimiento de perfección neurótica.
Ni tampoco dejarse llevar por la inercia de un molde esquemático y postural que el cuerpo ha aprendido de memoria, mientras la mente se va de vacaciones.

Y llegados a este punto, debo advertir que, es casi imposible atravesar un gentío portando la antorcha de la Verdad sin chamuscar a alguien las barbas.

Digo esto porque muchos se sentirían fuera del terreno seguro pensando que el TAI-CHI-CHUAN no es algo fijo (TSE), esquemático, enlatado en una “teoría de metas externas”, y que sus movimientos se realizan siempre en salmodia geométrica perfecta e inmutable, en un “envoltorio ingenioso”. Como por ejemplo colocar la mano a la altura del plexo solar con un ángulo del brazo de 45º, bla, bla, bla, etc…Encorsetados en una realidad de pandereta, limitada a un patrón de miras estrechas, como el que se sienta en el fondo del pozo a contemplar el cielo.

Pero lo cierto es que el horizonte está sólo en nuestros ojos, no en la realidad. Y la naturalidad del sistema, propia del más puro TAOISMO que abre las puertas a la idea genuina de que el mundo, posee la tierna simpatía de un cielo abierto y libre dentro del amplio “orden sin orden” (LI). Baste pensar en las vetas de la madera, los dibujos del mármol o cualquier estructura natural. Hay un orden sencillo e ingenuo todo ello, pero un orden relativo de horizontes infinitos. Un orden que no es siempre igual. Un supra-orden que nos sitúa, si lo permitimos, en una zona de confort de amplia belleza natural maravillosa, aunque imperfecta.
Esto es porque la naturaleza renuncia al esquema fijo en perfección geométrica. Más bien al contrario, se adapta espontáneamente,  flotando libremente con las circunstancias para armonizar con ellas; y en el trance de esa armonía surgen las agradables imperfecciones naturales dentro de un cierto orden.

Del mismo modo, un movimiento de TAI-CHI-CHUAN, es siempre un movimiento para la felicidad, que cumple los principios de la naturaleza. Del “Todo natural”, o sea, del TAO:
No forzamiento para actuar a favor de las cosas.
Espontaneidad que no duda, no vacila al actuar.
Continuo cambio implacable en adaptación a las circunstancias.
Capacidad de ser un modelo sin tallar, con potencialidad de ser cualquier cosa dentro de lo naturalmente posible.
Funcionamiento en unidad como un organismo que nunca tiene partes diferenciadas.
La semejanza con un vacío fresco y despejado como telón de fondo, vacío de pensamientos molestos, de deseos aferrantes, de tensiones.

Un movimiento de TAI-CHI-CHUAN cumple con esos principios, o más bien deberíamos decir, “ES esos principios”, pero gozando de variar con libertad, de altura de las técnicas, de profundidad del movimiento o de cualquier dimensión espacial. Y… menos mal que se nos permite esa sana libertad. Rindiendo el esquema fijo, a lo natural que posee deseables imperfecciones dentro de un cierto orden. Rindiéndose a lo espontáneo que se adapta sin salirse de las principios relativas que hemos enumerado.
De modo que, para ser claro como el agua…:
En una forma de TAI-CHI-CHUAN, hay que moverse de una cierta forma, pero con una cierta libertad.
Y esto nos lleva a inferir que hay que diferenciar lo que es importante y por tanto no cambia, de lo que es fútil y puede cambiar.
En definitiva…
Los principios internos no cambian.
Las superficialidades externas como puede ser posición de una mano en el espacio o cosas por el estilo, pueden cambiar hasta cierto punto.

NATURALEZA

La sabiduría que se extrae de todo esto, es comprender que mientras no cambien sus principios internos, ciertos cambios sutiles sobre la ubicación postural son posibles…
O mejor dicho, son deseables.
E incluso debemos decir que, SON NECESARIOS.
Puesto que cada movimiento, cada postura del TAI-CHI-CHUAN a realizar es siempre nueva, recién hecha, limpia, porque depende de la ubicación de un oponente imaginario o real, que cambia constantemente.
En cambio, si no hubiese oponente que cambia, ni “sensación de oponente”, no habría armonía que practicar con nadie.
Pero como lo que deseamos es adquirir por vía de hecho, la extraordinaria armonía Universal, necesito armonizar con alguien, sea imaginario o real.
Y al armonizar, la precisión del movimiento de cualquier postura o técnica del TAI-CHI-CHUAN cambia ligeramente.

En definitiva, no se puede ser independiente para practicar TAI-CHI-CHUAN, como tampoco lo es para practicar la vida misma. Hay que armonizar con un oponente real o imaginario. Es improcedente actuar como pretendía un  teniente del ejercito, que llamando a parte a un soldado indisciplinado y le dice: “tu que no aprovechas la vida en el ejército, cómprate un cañón y hazte independiente” 

No se puede ser independiente ni en TAI-CHI ni en la vida.
Se necesita flotar en el mundo formando parte de él y de los demás.
Y para armonizar con los demás debo ser adaptativo, no fijo.
Es imprescindible conocer la libertad que nos quiere enseñar el TAO del TAI-CHI-CHUAN porque aunque nuestra mente que comprende por esquemas de perfección, forma parte del mundo natural, esta no juega con los mismos principios que el mundo, que siempre son más evasivos. Nuestra mente funciona en base al idealismo de perfección, y este  nos lleva a considerar el Universo más incierto, como algo separado de nosotros, y en esa impostura, lo suyo es querer dominar, controlar, etiquetar, encorsetar, con nuestra mente el mundo, tratando de realizar:
Movimientos rígidos por el forzamiento de querer ser hermosos.
Movimientos bloqueados por evitar los feos.
Y todo esto  ha demostrado ser un factor de peso en la patogénesis de la llamada “superficialitis”. Y  podríamos incluso justificar a nivel consciente que eso no es así, que no buscamos “superficialitis exhibicionista”,  ni tampoco la “superficialitis competitiva” de evitar ser menos que los demás, ni la “superficialitis perfeccionista” de que la perfección no es lo nuestro. Pero si verdaderamente no se ha cambiado en el interior del propio alma, a la mínima nos saldrá la contradicción por todos los poros. Como el que decía: No sólo no creo en los fantasmas, sino que ni siquiera me asusto de ellos.
Pero cuando la bella práctica del TAI-CHI-CHUAN nos ha transformado, lo suyo es permitir el supremo flujo “cambiante”, en una sensación extraordinaria de bienestar y una sublime serenidad a toda prueba.
Saborear y gozar del movimiento limpio y luminoso que discurre delicado como el agua, sin esfuerzo físico y sin obligaciones mentales, con la misma imperturbable calma, donde no hay un punto preciso para ninguna cosa, no hay una manera de hacer la misma cosa exactamente igual dos veces, aunque sea una FORMA. Como tampoco es posible bañarse dos veces en el mismo río.
RIO
Artículo Original de 
Félix Bargados.
Todos los derechos reservados.